Así lo reseña un trabajo especial del diario El Nacional en el que se explica que los productos importados por el gobierno regional del Táchira a Colombia para paliar la escasez no están al alcance de la mayoría de los consumidores.
De hecho, los ciudadanos que habitan los alrededores fronterizos, prefieren pasar al país vecino a adquirir alimentos de la cesta básica, así como artículos de limpieza ya que hay más variedad y son más baratos. Solo el café molido y la leche en polvo resultan más caros de otro lado de la frontera.
Los alimentos y productos venezolanos regulados tienen tiempo que no aparecen por los anaqueles de mercados y supermercados. Incluso, cuando alguien hace alguna pregunta sobre ellos, muchas veces desencadena una discusión y quejas de las personas que le escuchan.
Son pocos los alimentos y artículos de aseo personal que llegan a los establecimientos comerciales y cuando llegan los venden según el día y el número de terminal de cédula que corresponda en el momento.
Hace dos meses y medio, el 6 de septiembre de 2016, el gobierno regional comenzó la venta de alimentos, artículos de aseo personal e implementos agropecuarios importados, siempre con el argumento que la escasez es provocada por la guerra económica. Un grupo de importadores, cuyos datos no se conocen ni en Fedecamaras Táchira ni en Consecomercio, indicaron sus presidentes Daniel Aguilar y Cirpriana Ramos, están encargados de hacer las operaciones con divisas propias.
Los alimentos y artículos importados y vendidos en el Complejo Ferial de Pueblo Nuevo, en su mayoría de factura colombiana, cuestan hasta 1.000 bolívares más que comprarlos en Cúcuta. Mientras los importadores se limitan a dos marcas, pasando los puentes internacionales, por el mismo producto hay al menos seis.
Los precios. Mientras acá se vende aceite vegetal en envase de 900 mililitros, en Cúcuta se consigue la misma presentación de 1 litro por 900 bolívares menos. La harina precocida importada cuesta en San Cristóbal 3.325 bolívares y en Cúcuta, 1.960 bolívares. Igual ocurre con la harina de trigo, el azúcar, las arvejas, el arroz, la mantequilla y la pasta.
El presidente electo de EEUU, Donald Trump, ofreció hoy su primera reacción a la muerte del líder cubano Fidel Castro en su cuenta de Twitter con una escueta frase: “¡Fidel Castroestá muerto!”.
EFE
De momento no ha habido ninguna reacción oficial del Gobierno de EEUU a la muerte de Castro, quien falleció anoche a los 90 años de edad, según informó su hermano, el presidente Raúl Castro, en una alocución en la televisión estatal.
Así un observador del amargo y desventurado país que hoy somos no lo crea, Venezuela fue un día feliz, sus habitantes eran orgullosos, sus políticos llamaban la atención por corajudos y sus militares eran honestos, valientes y patriotas.
Aunque usted no lo crea, nadie debía esforzarse por convencer a sus conciudadanos de presentarse a depositar su voto. En 1963, cuando cinco años después de salir de la dictadura del general Pérez Jiménez con la insurgencia de un pueblo verdaderamente amante de la libertad se realizaron por segunda vez las elecciones presidenciales en democracia –nunca amañadas, nunca falsificadas y nunca arrebatadas a un venezolano por un agente extranjero– la participación popular alcanzó 93%. A pesar de que comunistas y miristas habían llamado a abstenerse y habían intentado boicotearlas con el respaldo en dinero y toneladas de armas de la tiranía cubana.
Ya por entonces el odio de las tiranías al profundo espíritu libertario de nuestro pueblo y su orgullosa élite política había intentado asesinar a nuestro presidente y alebrestar los cuarteles. Las calles de Barcelona y de Puerto Cabello habían visto derramarse la sangre de nuestros soldados por la traición de quienes habían sido seducidos por el mensaje disociador del marxismo-leninismo para terminar entregados en brazos del castrismo.
Fuimos el único país latinoamericano odiado mortalmente por Fidel Castro desde el nacimiento mismo de su revolución. A pesar de la ayuda en dinero y en armas con que los demócratas venezolanos aportaran a la lucha de liberación de su pueblo contra la dictadura batistiana. Y los brazos abiertos con que recibiéramos a Castro a pocos días de su triunfante entrada en La Habana. Fuimos el único país invadido por soldados cubanos en odioso contubernio con ciudadanos venezolanos dispuestos a sacrificar nuestra soberanía para rendirse a la tiranía cubana.
Este 8 de mayo se cumplen 48 años de la invasión a nuestro país por un grupo de militares cubanos con guerrilleros venezolanos, entrenados personalmente, armados y financiados por Fidel Castro en territorio cubano con el fin de sumarse a un amplio movimiento insurreccional, ya reforzado por otro comando de militares cubanos que invadieran nuestra patria por las costas de Falcón un año antes, y asaltar el poder en un poderoso movimiento armado que pretendía repetir los hechos de la guerra cubana y el asalto al poder que terminara en el triunfo de las tropas de Fidel Castro y el Che Guevara. Por cierto, en esa primera avanzada invasora el mando del comando estaba a cargo del comandante Arnaldo Ochoa Sánchez, el futuro héroe de Ogadén fusilado por Castro junto a Tony de la Guardia el 13 de julio de 1989.
El fracaso de ambos desembarcos y la derrota en el terreno bélico y político fue tan determinante que esos invasores debieron retirarse con la cola entre las piernas, enfermos, humillados y vencidos. Y sus aliados nativos dejar las armas sin gloria ni majestad. Héroes en su patria y en otros campos de batalla, esos comandantes cubanos fueron aplastados en nuestro suelo de manera inclemente por unas fuerzas armadas decididas a defender nuestra soberanía con el fervor de su espíritu y el valor de su sangre. Los invasores no se destacaron en un solo hecho de guerra. No hicieron más que cometer crímenes y asesinatos a mansalva. Aumentando así el odio y el rencor de quien no perseguía otro propósito que apoderarse de nuestro petróleo y utilizar nuestro territorio como plataforma para sus delirios expansionistas y sus trasnochados sueños imperiales. Fidel Castro fue arrastrado por los suelos por Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, al frente de soldados, marinos y aviadores comprometidos en cuerpo y alma con la república. Por ellos, la patria no se humillaría ante un invasor extranjero. Mucho menos si procedente de una república tiránica y empobrecida, consumida en el fuego devastador de la fiebre castrocomunista. Rómulo Betancourt derrotó a Fidel Castro en el terreno político, en el terreno militar y en el terreno diplomático. El odio contra Venezuela adquiriría en él dimensiones homéricas.
Sin disparar un solo tiro ni poner un solo soldado cubano en suelo venezolano, cuatro décadas después Fidel Castro vería satisfechas sus ansias de posesión y cumplidos sus deseos de humillar, devastar y saquear a nuestra patria como si fuera territorio vencido. Y poner de rodillas a sus soldados, líderes y dirigentes, hombres y mujeres como si hubiera sido una tierra arrasada en el campo de batalla por un feroz ejército invasor. Se la entregó en bandeja de plata un militar golpista y traidor: Hugo Chávez.
Escribí según el relato de uno de esos guerrilleros derrotados en el campo de batalla –el comandante Héctor Pérez Marcano– los hechos de la segunda parte de esa invasión, la de Machurucuto –La invasión de Cuba a Venezuela– dando suficientes elementos de juicio para intentar comprender los hechos y sus consecuencias, las causas, motivaciones y su desenlace. Al hacerlo, quise comprender las razones que habían llevado a un hombre vulgar, sin mayores atributos y sin valores excepcionales, mediocre y sin genialidad estratégica alguna, así como, desde luego, sin los menores escrúpulos ni patriotismo de ninguna naturaleza a quebrarle el espinazo al Estado venezolano, a poner de rodillas a sus fuerzas armadas, a engañar y seducir a su pueblo a extremos verdaderamente insoportables, a castrar todo ímpetu liberador de su clase política y a rendirse en todos los planos con alma, corazón y vida al tirano cubano. Al extremo de que Venezuela dejó de ser la república que fuera para convertirse en una vergonzosa satrapía, sin voluntad ni destino.
Desde luego, un accidente histórico tan monstruoso y de tamaña envergadura, sucedido a vista y paciencia de todos los poderes fácticos venezolanos y latinoamericanos, en la apatía y el absoluto silencio de la comunidad democrática internacional, no tiene otra explicación que la insólita pérdida de identidad de una nación desorientada y a la deriva, la grave crisis de todo orden que sacude a Occidente, la pérdida de solidaridad ante el sufrimiento de un pueblo sometido a la humillación, la persecución y el escarnio y el descarado oportunismo que acosa a las principales potencias y a la comunidad histórica de América Latina. Asistir al hundimiento de la democracia venezolana, a la profunda corrupción de sus élites, al extravío moral de sus hombres y mujeres, a la incuria de sus autoridades y la perversión de sus ejércitos, aprovechando de paso para extraer beneficio de tan insólita tragedia, da cuenta de que la tragedia venezolana no sucede por azar ni será superada con un simple acto electoral.
Machurucuto, la ofensa a la dignidad nacional que hoy recordamos, abrió las puertas a una catástrofe. Estamos muy lejos de haberla superado. Dios nos ayude a lograrlo.
Pero más allá de su pelea con Washington, el siempre polémico líder cubano tuvo otros grandes enemigos.
En BBC Mundo examinamos cuatro de ellos.
Augusto Pinochet
Image copyrightAFPImage captionPinochet (en la foto, a la izquierda) era jefe del Ejército cuando Castro efectuó su famosa visita a Chile en 1971.
Si hubiese que buscar una figura política para contrastar al máximo con Fidel Castro, el alfa para su omega, muchos pensarían en Augusto Pinochet.
Castro fue la figura emblemática de la revolución izquierdista latinoamericana mientras que Pinochet fue el portaestandarte de la reacción derechista en el continente.
En 1970, Chile se había convertido en un objeto central del interés de Castro una vez fue elegido democráticamente el marxista Salvador Allende, un aliado que aparecía para Cuba en momentos que buena parte de los gobiernos del continente le eran indiferentes o abiertamente hostiles. Allende desarrolló una cercana amistad con Castro.
"Fidel había invertido mucho en Chile, no hay que olvidar que incluso estuvo de visita más de un mes en ese país", señala a BBC Mundo Frank Mora, director del Centro Latinoamericano y del Caribe en la universidad FIU de Miami.
Castro incluso le regaló la ametralladora que el mandatario chileno usó para defenderse durante el golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973 en el que finalmente murió.
"De un día a otro su aliado y su amigo, una persona con la que tenía una gran afinidad, desaparece del gobierno y se implanta una dictadura militar anticomunista que rechaza cualquier relación entre Chile y Cuba", recuerda Mora, quien fue subsecretario de Defensa de Estados Unidos entre 2009 y 2013.
El gobierno de Pinochet, en su sangrienta represión de la izquierda chilena, se convirtió en el modelo de muchos gobiernos de la región que definieron su misión central como oponerse a la influencia del comunismo en sus países.
Desde entonces, muchos castristas de América Latina encontraron en Pinochet la personificación de todos sus odios. Y a su vez, en la derecha, no pocos admiradores del general chileno en el continente justificaron sus acciones con la necesidad de "librar" a sus países de un Fidel Castro.
Image copyrightAFPImage captionPinochet ocupó el otro extremo del espectro ideológico frente a Fidel Castro.
Es difícil decir con certeza quién fue más influyente en América Latina. Castro, por supuesto, duró mucho más tiempo en el poder que Pinochet, quien salió derrotado en un plebiscito tras el cual entregó el poder en 1990 y murió desacreditado en 2006 cuando estaba cerca de ir a la cárcel.
El líder cubano, en cambio, fue una figura de poder en la isla hasta el fin de sus días.
Sin embargo, no sobra recordar que el modelo de sociedad marxista que Fidel Castro soñó con extender a todo el continente nunca tomó arraigo más allá de las fronteras cubanas, mientras que buena parte de América Latina es fiel a las políticas económicas ortodoxas inspiradas en el experimento pinochetista, que siguen teniendo una influencia determinante en nuestros países.
Rómulo Betancourt y la OEA en los años 60
Uno de los momentos más difíciles en los primeros años del gobierno de Fidel Castro ocurrió el 21 de enero de 1962, cuando la Organización de Estados Americanos, reunida en pleno en Punta del Este, Uruguay, ordenó por 14 votos a uno, la expulsión de Cuba del organismo y de todo el sistema interamericano.
Pocos hechos simbolizaron tan fuertemente el aislamiento diplomático que por largos años sufrió Cuba frente al resto del continente.
Uno de los protagonistas de ese episodio fue el entonces presidente venezolano Rómulo Betancourt, cuyo gobierno promovió la sanción.
Image copyrightGETTY IMAGESImage captionBetancourt recibió a Castro en 1959. Pero en 1963 los abrazos eran para JFK.
Comunista en su juventud, Betancourt llegó al poder por primera vez mediante un golpe militar en 1945 y en 1958 repitió a la presidencia de su país, esta vez elegido por el partido moderado de centro-izquierda Acción Democrática (AD).
Durante ese gobierno, enfrentó la insurgencia de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), y acusó al gobierno de Fidel Castro de armar a los rebeldes.
Frank Mora, de la universidad FIU de Miami, le dice a BBC Mundo que "en los años 60 había una consenso que Cuba por su alianza con la Unión Soviética representaba una amenaza a los intereses de muchos países".
El mandatario venezolano representó, para muchos, la oposición continental a la revolución cubana. Si bien muchos en la izquierda criticaron el aislamiento de Cuba por parte de la OEA, viéndolo como subordinado a los intereses de Estados Unidos, otros lo entendieron como un rechazo a la naturaleza autoritaria del gobierno cubano.
"Rómulo Betancourt era un presidente comprometido con la democracia. Tuvo sus problemas también con la dictadura de Trujillo en República Dominicana (…) Él se sentía comprometido a no distinguir entre una dictadura de izquierda y una de derecha", indica Mora, quien también agrega que otros líderes latinoamericanos del momento, como el costarricense Pepe Figueres, también se destacaron en ese momento por su oposición a Fidel Castro.
La Sudáfrica del apartheid
Fidel Castro asumió la intervención de tropas cubanas en África en la década de 1970 como una cruzada personal, asegurando que su ejército ayudaría a combatir los rezagos del imperialismo europeo y destruir la discriminación racial contra los negros en África.
Para ello, no ahorró esfuerzos, iniciando un despliegue militar que le ganó admiradores entre los nacionalistas africanos pero generó controversia en Cuba, luego que decenas de miles de soldados fuesen enviados a una ardua campaña militar al otro lado del mundo sin que muchos entendieran por qué.
Image copyrightGETTYImage captionLa estrategia Castro en Angola (en la foto, en el funeral de cubanos caídos en ese conflicto) tuvo repercusiones en Sudáfrica.
En 1975, la entonces colonia africana de Angola se independizó de Portugal. Varios grupos intentaron ocupar el vacío de poder que dejaba el colonialismo en retirada.
El UNITA y FNLA eran pro-occidentales, el MPLA marxista. El gobierno sudafricano del apartheid apoyó a UNITA.
Fidel Castro ordenó entonces la "Operación Carlota", el envío de cerca de 36.000 mil soldados cubanos a Angola a ponerse del lado de los rebeldes marxistas.
Las tropas cubanas permanecieron cerca de quince años en el continente y en 1987 protagonizaron en la población angoleña de Cuito Carnavale la batalla más grande que había presenciado África desde la Segunda Guerra Mundial.
Image copyrightAPImage captionFidel Castro se opuso al apartheid.
Para algunos analistas, el accionar de las tropas cubanas evitó la imposición de un gobierno títere de Sudáfrica en Angola y ayudó a debilitar al régimen blanco del apartheid que eventualmente colapsó en Pretoria. Nelson Mandela siempre expresó su gratitud por la intervención de Castro.
"Aquella impresionante derrota del ejército racista le dio a Angola la posibilidad de disfrutar de la paz y consolidar su soberanía… desmoralizó al régimen racista blanco de Pretoria e inspiró la lucha contra el apartheid dentro de Sudáfrica (…) Sin la derrota en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones nunca hubieran sido legalizadas", dijo Mandela ante una multitud el 26 de julio de 1991 en Matanzas, Cuba.
Pero la rivalidad de Fidel Castro con el apartheid en Sudáfrica tuvo un costo sustancial en vidas humanas para los cubanos. Las cifras de muertos varían según la fuente y algunos lo estiman en cerca de 2.000.
En 1987, Rafael del Pino Diaz, un exgeneral cubano exiliado en Estados Unidos, estimó en 10.000 los muertos cubanos en Angola.
Los intelectuales latinoamericanos de derecha
En los primeros años de la Revolución Cubana, pocos hicieron más por contribuir a la leyenda de Fidel Castro que los intelectuales latinoamericanos.
Image copyrightGETTYImage captionVargas Llosa fue uno de los más notorios opositores a Fidel Castro.
El idilio generalizado de escritores y comentaristas de la región con el comandante se extendió por cerca de una década. Pero fue seguido después por un profundo desencanto, en el que antiguos creyentes castristas se convirtieron en opositores acérrimos del gobernante y su régimen. Y jugaron un papel determinante en el derrumbe de su imagen positiva entre muchos latinoamericanos.
La Revolución Cubana atrajo a muchas, por no decir que a casi todas las figuras más destacadas de las letras latinoamericanas.
Poco después de la entrada victoriosa de Fidel Castro a La Habana en 1959, Gabriel García Márquez se fue a trabajar con la agencia periodística oficial Prensa Latina, comenzando una vinculación con el régimen que con los años lo llevaría a convertirse en uno de los amigos más cercanos del comandante.
La Casa de las Américas en La Habana fue en los años 60 en una meca de la intelectualidad latinoamericana. Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jorge Edwards y muchos otros, las figuras más rutilantes del llamado "boom", coincidían en expresar su simpatía por la revolución castrista.
El punto de quiebre, para muchos, fue el incidente de Heberto Padilla. Este último era un conocido poeta cubano, que a finales de los 60 empezó a criticar al gobierno de Fidel Castro, y en 1971 fue arrestado.
A lo que intelectuales europeos como Jean-Paul Sartre y escritores latinoamericanos como Fuentes y Vargas Llosa, reaccionaron condenando por primera vez al gobierno castrista.
Image copyrightGETTYImage captionCon la excepción de García Márquez, la crema y nata de la intelectualidad latinoamericana se apartó de Fidel Castro.
Con la notoria excepción de García Márquez -y Julio Cortázar, quien murió en 1984- la crema y nata de la intelectualidad de la región se apartó de Castro.
Vargas Llosa, en particular, se hizo abanderado de una postura opuesta, de derecha.
Su intento de llega a la presidencia peruana en 1990 fracasó, y no fueron pocos los que acusaron a Vargas Llosa de mostrar el fanatismo de los conversos en sus críticas frente a la Revolución Cubana.
Pero independientemente del poco éxito personal que tuvo como político, Vargas Llosa y sus colegas intelectuales causaron con sus críticas un profundo y negativo impacto a la imagen mundial de Fidel Castro, la misma que ellos habían ayudado a construir años antes.
Se puede saber tanto de un hombre por sus detractores como por sus admiradores. “Fidel Castro era tal vez el líder revolucionario en el poder más genuino de aquellos momentos”, escribió Henry Kissinger en el último volumen de sus memorias.
El exsecretario de Estado y asesor de varios ocupantes del Despacho Oval se refería a 1975 y al asombro estadounidense ante la participación de Cuba en la lucha por la independencia de Angola. En la dinámica de la Guerra Fría, los soviéticos no querían involucrarse directamente y Washington apoyaba sin tapujos al régimen racista de Pretoria.
Líderes de todo el mundo, entre ellos Nelson Mandela, profesaron un profundo respeto y admiración por el Líder de la Revolución cubana.Foto:AP
Fidel demostraba una vez más que la Revolución que había triunfado en 1959 se movía por los principios y no era satélite de nadie. El heroísmo de los cubanos que pelearon en África y el liderazgo de Fidel ayudaron a cambiar la historia de ese continente y, como aseguró el propio Nelson Mandela, a ponerle fin al apartheid.
Era la primera vez que un país pequeño del hemisferio occidental enviaba fuerzas militares fuera del continente y, para asombro de muchos, conseguía un éxito aplastante. Era un recordatorio de que incluso un pequeño país, cuando lo mueven ideales de justicia, puede enfrentarse a los poderes mundiales. Era revolucionario.
Ya antes había hecho lo que muchos consideran imposible, una revolución socialista a solo 90 millas de los Estados Unidos. Una afrenta que Washington no ha dejado de castigar durante más de medio siglo con diversos métodos.
Cuando aún se peleaba en la Sierra Maestra contra la tiranía de Batista, el genio del líder revolucionario preveía que la verdadera lucha sería contra el imperialismo. Pero ese enfrentamiento, que ha marcado la impronta de su figura a nivel mundial, no es un conflicto vano contra un país o contra un gobierno. Es la lucha contra una lógica universal:
“Parece que hay dos tipos de leyes, uno para Estados Unidos y otro para los demás países. Tal vez sea idealista de mi parte, pero nunca he aceptado las prerrogativas universales de EE.UU.”, le dijo Fidel a los emisarios de Carter en 1978 cuando estos llegaron a La Habana a exigir condiciones para una mejoría de las relaciones.
Una voz que no está junto a la de los poderosos sino con “los pobres de la tierra”, no podía hacer otra cosa que extenderse como pólvora por los llanos, las selvas y las montañas de este continente.
La Revolución Cubana y el pensamiento de Fidel han sido una inspiración para todos aquellos que buscan un mundo distinto, que supere las contradicciones que el poder se empeña en mostrar como inevitables.
La llama que se prendió en 1959 alcanzó aún más fuerza después de la caída del campo socialista, cuando parecía que habían caído todas las banderas. La defensa del socialismo como una salida para los problemas de la humanidad, incluso en las condiciones más difíciles para un país, ubican a Fidel en una corta lista de revolucionarios que han sabido interpretar “el sentido del momento histórico”.
Y esa convicción nunca estuvo atada a dogmatismos. Como mismo las armas y recursos cubanos estuvieron junto a las guerrillas que se enfrentaban a las dictaduras de nuestro continente, Fidel —el luchador de la Sierra— supo reconocer a tiempo cuando pasó el momento de la lucha armada y empezó el de las transformaciones políticas.
Ha tenido el privilegio de ver pasar distintas generaciones de revolucionarios latinoamericanos y estos la suerte de contar con él: de Salvador Allende a Hugo Chávez, pasando por incontables y valiosos líderes de la región.
“Fidel es para mí un padre, un compañero, un maestro de estrategia perfecta”, dijo Chávez en una entrevista con nuestro diario en el año 2005. El primer encuentro entre los dos líderes se dio en 1994, al pie de la escalerilla del avión donde Fidel esperaba en La Habana al recién liberado teniente coronel.
El triunfo de Chávez en las elecciones de 1999 fue el comienzo de un cambio de época para América Latina y el Caribe que, como han reconocido sus propios protagonistas, desde Evo Morales a Rafael Correa, hubiese sido imposible sin el ejemplo y el liderazgo de Fidel.
Aunque en estos momentos una contraofensiva de la derecha busca deshacer los avances de la última década, hay pruebas concretas de los esfuerzos de integración postergados por más de 200 años como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.
Mucho antes, en una reunión del Foro de Sao Paulo en La Habana en 1993, el líder cubano le había dicho a las fuerzas de izquierda: “¿Qué menos podemos hacer nosotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo”.
Junto a su incansable labor revolucionaria, el pensamiento humanista de Fidel ha alertado sobre los grandes problemas de la humanidad, desde el cambio climático a la posibilidad de la destrucción global por el uso de las armas nucleares.
Nadie podría pasar por la historia del siglo XX y lo que va del siglo XXI, sin estudiar la obra y el ideario de este cubano que inscribió a un pequeño país del Caribe en las páginas de la “verdadera historia universal”, la que cuentan los pueblos.
Con motivo del fallecimiento del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, el Consejo de Estado de la República de Cuba declara nueve días de Duelo Nacional, a partir de las 06:00 horas del 26 de noviembre hasta las 12:00 horas del 4 de diciembre de 2016.
Durante la vigencia del Duelo Nacional cesarán las actividades y espectáculos públicos, ondeará la enseña nacional a media asta en los edificios públicos y establecimientos militares. La radio y la televisión mantendrán una programación informativa, patriótica e histórica.
Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo, que hoy 25 d
e noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche, falleció el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.
En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados.
En las primeras horas de mañana sábado 26, la Comisión Organizadora de los funerales brindará a nuestro pueblo una información detallada sobre la organización del homenaje póstumo que se le tributará al fundador de la Revolución Cubana.
El presidente Danilo Medina expresó esta tarde su pesar por el fallecimiento del líder de la Revolución de Cuba, Fidel Castro, al tiempo que lo definió como una figura de reconocida proyección mundial del siglo XX.
Mediante una carta, dirigida a Raúl Castro, presidente de Cuba y hermano de Fidel, Medina envió sus más sinceras condolencias en nombre del pueblo dominicano y el suyo propio.
En la gala por su 90 cumpleaños el pasado 13 de agosto, Fidel Castro apareció en un sillón del teatro Karl Marx con su hermano Raúl sentado a la derecha. A la izquierda, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Una imagen elocuente sobre la estrecha alianza entre la revolución cubana, con Fidel y Raúl Castro, y la revolución bolivariana, con Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
"Fue como su despedida", dijo este sábado el presidente venezolano, al recordar que, siguiendo el "ejemplo" de Chavéz, visitaba a Fidel cada dos meses para recibir sus orientaciones.
Planeaba verlo a comienzos de diciembre, señaló al canal Telesur.
Maduro dijo que Castro partió hacia la "inmortalidad" y destacó la "profunda amistad" de Fidel con Chávez, su hijo político fallecido en marzo de 2013 de cáncer.
Ambos "fundaron una época", afirmó el mandatario socialista, al establecer un paralelo entre dos revoluciones según él "acosadas por el imperio".
"Para decir Fidel, hay que decir Hugo Chávez" -28 años menor que el líder cubano-, subrayó.
Maduro sufre la pérdida del artífice de lo que llegó a ser la relación más estrecha de Cuba en América Latina, en momentos en que confronta el malestar popular por la grave crisis económica del país petrolero.
Maduro, quien asumió el poder un mes después del fallecimiento de su mentor Chávez, aún en las malas no ha dejado de atender a Cuba, lo que sus opositores le critican por el entorno de crisis.
Oxígeno en barriles de petróleo
Con los precios del petróleo por las nubes durante gran parte de los 14 años que gobernó, Chávez construyó alianzas, desafiando la hegemonía de Estados Unidos, y puso a Venezuela en el corazón de la geopolítica regional con lo que sus críticos llamaron la "petrodiplomacia".
Con Chávez y Castro al frente surgieron los bloques Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y Petrocaribe, en el marco de los cuales Venezuela vende petróleo en condiciones de pago preferenciales.
Casi asfixiada por el largo periodo de penurias en que cayó en la década de 1990 tras el derrumbe soviético, la isla recibió de Venezuela oxígeno en barriles de petróleo: entre 100.000 y 120.000 diarios, en su mejor momento.
Pero hoy le envía de 60.000 a 80.000, según estas estimaciones. Su profunda recesión ha contribuido a la desaceleración de la economía cubana, inmersa en un lenta apertura desde hace una década.
"La principal amenaza a la estabilidad de Cuba está en el frente económico (...) como resultado del colapso potencial de la economía venezolana", afirmó a AFP el analista Diego Moya-Ocampos, de la consultora de análisis IHS Markit, con sede en Londres.
Según Moya-Ocampos, la "exportación de servicios profesionales (médicos, educadores), mayoritariamente a Venezuela, sigue siendo la principal fuente de ingreso de Cuba por encima del turismo y las remesas".
Sin embargo, desde los primeros síntomas de la crisis venezolana -que hoy se refleja en una severa escasez de alimentos y medicinas y la inflación más alta del mundo-, Raúl Castro, quien relevó a su hermano hace diez años, empezó a diversificar las alianzas económicas.
Además, el turismo se ha disparado tras la reconciliación con Estados Unidos, iniciada a finales de 2014, y la isla ha regularizado las cuentas con la mayoría de sus acreedores.
- Una relación filial
La cercana relación entre Cuba y Venezuela se empezó a forjar en el aeropuerto José Martí, el 13 de diciembre de 1994, cuando el mismo Fidel acudió a recibir por primera vez a Chávez, tras su fallido golpe de Estado en 1992.
En una conferencia en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, Chávez relató que en los dos años que estuvo preso por esa intentona leía proclamas de Fidel, particularmente "La historia me absolverá".
Cinco años después, Castro acudió a la posesión del venezolano. "Fidel es para mí un padre, un compañero, un maestro de estrategia perfecta", declaró Chávez en 2005.
Desde entonces la lealtad fue incondicional. Durante el golpe de estado del 11 de abril de 2002, que sacó a Chávez del poder durante tres días, Fidel Castro fue clave.
Tras ser informado de lo ocurrido por una hija de Chávez, Castro habló por teléfono con varios jefes militares que ayudaron a restituir al líder venezolano.En el peor momento de su enfermedad, Fidel recibía sólo la visita de Chávez, quien viajaba con frecuencia a La Habana y daba los partes médicos. Más tarde, el presidente venezolano siguió frecuentando Cuba pero esta vez para atender su cáncer.Muchas veces la prueba de vida de ambos fueron las fotos en que aparecían juntos y que ocuparon las portadas de los periódicos del mundo.